martes, 21 de julio de 2009

Sueño De Un Millar De Gatos

Esta historia forma parte del tomo "País de sueños" de la novela gráfica "The Sandman" Creada por Neil Gaiman y publicada por DC Comics.


Esta oscura historia nos relata la búsqueda de respuestas de una gata desconsolada y herida por el daño que le ha provocado la indiferencia humana para con sus sentimientos. Para encontrar esas respuestas ella viaja al mundo de los sueños donde encontrara una reveladora verdad la cual se transformara en su misión divulgar a los demás gatos y tratar de aunarlos en pro de esta causa.

Comics: Suenogatos.zip

Visor de comics:ComicsViewer.zip con este software pueden ver el comics directamente del archivo comprimido del comic.

Cualquier duda dejen un mensaje.


Para saber mas sobre el autor y su obra les recomiendo los siguientes links:
http://es.wikipedia.org/wiki/Neil_Gaiman

http://www.piensoencomics.com/2009/07/cierra-los-ojos-neil-gaiman-y-su-sueno.html



lunes, 20 de julio de 2009

Gatos Robot

Ya por muchos es sabido que los japoneses están en la vanguardia de la tecnología y en constante innovación, pues bueno el mundo de los amantes de los felinos no es la excepción.


Desde hace algún tiempo la empresa japonesa SegaToys ha venido desarrollando distintos modelos de gatos robot que con sensores especiales pueden responder de distintas formas a los estímulos recibidos, ya sean caricias, palabras o presencias (mediante sensores de movimiento).

poco a poco han ido perfeccionando los nuevos modelos, el ultimo en salir al mercado es el "Neko-Venus" o también conocido como Dream Cat Venus, que posee la tecnología mas avanzada hasta el momento en cuanto a gatos roboticos, han ido desarrollado diversos estudios de la actividad cerebral del ser humano en respuesta de los estímulos entregados por el gato, para que la experiencia sea lo mas real cada vez.

Este gato cuenta con variadas acciones desde ronronear hasta limpiarse la pata.

estará disponible a partir de agosto de este año en tiendas japonesas por la suma de ¥13,800.00 (Yens)

Pagina oficial del NekoVenus: http://www.segatoys.co.jp/yumepet/neko-venus/index.html (En japones)

Este es un video de el Neko Venus


Este es Yume Neko una versión anterior al Venus


Pagina del YumeNeko: http://www.segatoys.co.jp/yumepet/yumeneko-heart/index.html

Esta es la pagina oficial de SegaToys donde podran encontrar todo tipo de mascotas robots que han desarrollado (está en japones)
http://www.segatoys.co.jp/yumepet/index.html

Así que ya no hay excusa para no tener un gato en casa aunque lo que es yo prefiero mil veces los reales.

Otros videos sobre estos gatos robots:







Pagina donde pueden encargar el NekoVenus:
http://www.geekstuff4u.com/sega-toys-dream-cat-venus.html

Fuentes: Gizmos.es / geekstuff4u / www.segatoys.co.jp

sábado, 18 de julio de 2009

El idioma de los gatos - Spencer Holst



Spencer Holst (1926-2001). Se le conoció como el "Kafka de los barrios bajos de Nueva York". Leía sus historias en templos religiosos y en cafés literarios. Creador de fábulas contemporáneas que narra con una inocencia que paraliza los sentidos. Ganó el Premio Rosenthal, de la American Academy and Institute of Arts and Letters.

El libro El idioma de los gatos y otros cuentos es un recopilatorio de cuentos escritos por Spencer Holst, dentro de los cuales podemos encontrar el cuento que da titulo a este libro y es "El Idioma De Los Gatos" un cuento muy divertido y delirante sobre un científico que quiere aprender el idioma de los gatos y bueno no les puedo contar mas por que es mejor que lo lean.

El Idioma De Los Gatos.



1
Hubo una vez un caballero.
Era un científico. Después de su nombre, venían letras.
Hablaba cien idiomas, del iroqués al esperanto.
Era autor de varios folletos sobre matemática astral.
Tenía treinta y cinco años, era autoritario y hablaba en voz baja.
Su hobby era jugar al ajedrez en un tablero tridimensional.
Su trabajo era el más dramático entre los eruditos, y el más frenético. Las fuerzas armadas lo contrataban para descifrar claves, y durante la guerra había hecho un trabajo brillante, pasando días enteros sin dormir. Los generales se habían asombrado ante él porque varias veces —decían— había salvado, literalmente, la guerra, al descifrar las claves maestras del enemigo. Y, en verdad, eso significaba que había salvado al mundo.
Pero en toda su vida no pudo acordarse de poner los cigarrillos en los ceniceros, así que todo el mobiliario estaba marcado con pequeñas quemaduras pardas.
Su mujer era rubia y menuda y delgada, y era un ama de casa muy prolija.
Él la arrastraba a la desesperación.
Él estaba siempre haciendo desastres en toda la casa, comiendo en el living, dejando sus medias tiradas por el piso, sus zapatos en el alféizar de la ventana; y, de vez en cuando, un pucho tirado sin apagar en el cesto de papeles provocaba llamaradas; pero, afortunadamente, la casa estaba todavía en pie.
Lo que hizo de su mujer una rezongona.
Ella le gritaba diez veces al día, hasta que él ya no lo pudo soportar; no podía ni quería discutir con ella semejantes tonterías; su mente estaba llena de fórmulas y cifras y extrañas palabras de idiomas antiguos, y, además, era un caballero.
Un día, él la dejó. Hizo sus valijas y se fue a una casa de campo, ahí cerca, en West Virginia, con un gato siamés.

2
El gato lo hipnotizaba.
Era un hermoso siamés de cola azul que hablaba mucho; es decir, maullaba, maullaba, maullaba, maullaba todo el tiempo.
El sabio se sentaba en su cama y se quedaba mirándolo durante horas, mientras el gato jugaba con pelotas de celofán y saltaba de la cama a la cómoda, después al lavatorio, al piso y luego de vuelta, una y otra vez, a la cama.
De vez en cuando le daba un arañazo al aire.
De pronto se detenía y se dormía.
El sabio se sentaba y miraba esa pelota de piel gris pálido que respiraba tranquilamente, y sus pensamientos divagaban por las insatisfacciones de su vida.
Voltaire había dicho una vez que despreciaba todas las profesiones que debían su existencia sólo al resentimiento de los hombres. Y la suya era por cierto una de ellas.
Él había perdido todo interés en sus amigos, y en las mujeres. Encontraba vacía y vulgar a la mayoría de la gente.
Algunas noches hacía la ronda de los bares, como buscando a alguien, sin tan siquiera el éxito ocasional de emborracharse alguna vez. Los libros lo hacían dormir.
Y finalmente el gato se convirtió en el centro de su vida, su única compañía.
Una noche, mientras estaba sentado mirándolo, creció en él un peculiar deseo.
Quiso comunicarse con él.
Decidió hacer algunos experimentos.
De modo que tapizó las paredes de su garaje con mil jaulitas y en cada una de ellas puso un gato. La mayoría de los gatos los compró, a otros los recogió directamente de la calle, y algunos hasta los robó a amigos casuales, tan imbuido estaba este hombre de ciencia de su proyecto.
En un magnetófono empezó a recopilar todos los sonidos gatunos.
Grabó sus aullidos de hambre, distinguiendo entre los que querían atún y los que querían salmón. Algunos querían pulmón, hígado o pájaros. Y todos estos sonidos los archivó sistemáticamente en su creciente cintoteca.
Cuidadosamente, comparó el grito cuando era amputada una pata delantera derecha, con el grito lanzado cuando se cortaba una pata delantera izquierda.
Registró todos los sonidos que los gatos hacían al aparearse, pelear, morir y parir.
Entonces abandonó su trabajo gubernamental y comenzó a estudiar ansiosamente los miles de gritos y ronroneos que había grabado y, después de un tiempo, los sonidos empezaron a adquirir significado.
Después empezó a practicar, imitando sus registros hasta que dominó el vocabulario básico del idioma.
Hacia el final, ensayó ronronear.
Nunca había experimentado con su propio gato. Quería sorprenderlo.
Una noche entró en su departamento, colgó su saco en el placard, como siempre, se volvió hacia su gato y le dijo: “¡MIAU!”.

3

Así era como los gatos decían, al encontrarse, “Buenas noches”.
Pero el gato no se mostró sorprendido.
Contestó: “Mrrrrouarroau”, que quiere decir: “Ya era hora”.
El gato le hizo entender que lo ayudaría en las más complejas sutilezas del idioma, que estaba bien al tanto de lodos sus experimentos, y que si el hombre no prestaba atención a sus lecciones, sería mraur... ¡perdón!
Al deslizarse las semanas, el hombre descubrió, para su continuo asombro, la fantástica inteligencia de su gato siamés.
Poco a poco, aprendió la historia de los gatos.
Miles de años atrás, los gatos tenían una tremenda civilización; tenían un gobierno mundial que funcionaba perfectamente; tenían naves espaciales y habían investigado el universo; tenían grandes plantas energéticas que utilizaban una energía que no era atómica; no necesitaban ni radios ni televisión, porque usaban una especie de telepatía y algunos otros portentos.
Pero una cosa que los gatos descubrieron fue que la importancia de cualquier experiencia dependía de la intensidad con la cual era vivida.
Se dieron cuenta de que su civilización se había vuelto demasiado compleja, de modo que decidieron simplificar sus vidas.
Por supuesto, no pretendieron tan sólo “volver a la naturaleza” —eso habría sido demasiado—, así que crearon una raza de robots para que los cuidaran.
Estos robots eran un progreso, mecánicamente estaban por encima de cualquier cosa producida por la naturaleza.
Un par de sus más grandes inventos fueron el “pulgar oponible” y la “postura erguida”.
No quisieron molestarse en arreglar los robots cuando se rompían, de modo que les dieron una inteligencia elemental y la facultad de reproducirse.
Por supuesto, nosotros somos los robots a los que el gato se refería.
Y ahora el científico entendió por qué los gatos habían parecido siempre tan desdeñosos de sus amos.
El gato le explicó que ellos no temían a la muerte; en verdad, vivían vidas constantemente apasionadas y heroicas, y cuando estaban bien preparados, cuando les llegaba la hora, daban la bienvenida a la muerte.
Pero no querían una muerte atómica.
Y los robots habían desarrollado una mezquina e irracional actitud hacia los ratones.
“Se nos ocurrió que bastaría barrer con la raza, pero entonces tendríamos que volver a tomarnos el trabajo de crear una nueva”, dijo el gato (a su manera, por supuesto), “de modo que decidimos intentar algo que, francamente, muchos gatos pensaron que sería imposible: ¡enseñarle a un robot cómo hablar el idioma de los gatos, para que pudiera transmitir nuestras órdenes al mundo!”
“Te elegimos a ti”, dijo el gato condescendientemente, acaso como le hablarían nuestros científicos a un mono al que hubieran enseñado a hablar, “porque de todos los robots nos pareciste el más promisorio y receptivo, y la mayor autoridad en tu pequeño terreno”.
El gato le dio al hombre una lista de reglas, que él copió en un pedazo de papel.
Las reglas eran:

NO PATEES A LOS GATOS.
NADA DE GUERRAS ATÓMICAS.
NADA DE TRAMPAS PARA RATONES.
MATA A LOS PERROS.

“Si el mundo no obedece estas reglas, simplemente eliminaremos la raza”, dijo el gato, y después cerró sus ojos y bostezó y se estiró e inmediatamente se quedó dormido.
“¡Espera un momento! ¡Despiértate! ¡Por favor!”, rogó el hombre, tocando tímidamente al gato en la frente.
“¡Déjame dormir!”, gruñó el gato. “Tienes un trabajo que hacer. ¡Hazlo!”
“Pero yo no puedo llevarle estas reglas a la gente y decirle que un gato me las dio. ¡Nadie me creería!
El gato frunció el ceño y dijo: “¿Y si te diéramos una pequeña demostración de nuestro poder? Entonces la gente comprendería que esto no es una broma. En una semana a partir de hoy, haré que algunos gatos atraviesen Moscú y Washington desparramando un gas que enloquecerá a todos durante veinticuatro horas. El gas desatará todos sus impulsos destructivos. No se harán daño entre sí, pero destruirán todo aquello a lo que puedan echar mano, todos los edificios, puentes, obras públicas, todos los documentos y hasta todas sus ropas”.
Entonces el gato bostezó de nuevo y se volvió a dormir.
El hombre, con la lista de reglas en la mano, salió a la calle para hacer lo que le habían indicado, pero primero, y apenas si sabía lo que estaba haciendo, una extraña malicia iluminó sus ojos al pensar en sus vecinos. Abrió las mil jaulas.

4
Una brisa de octubre lo golpeó en la cara, hojas del color de la llama crujieron bajo sus pies, el sol poniente enrojeció todo con sus últimos, espléndidos rayos, los ruidos callejeros invadieron sus oídos como en un sueño, y una campana tañía patéticamente ante la proximidad de la negra noche de invierno, o así le pareció a él mientras caminaba, marcado por la tremenda responsabilidad que le habían conferido, con su mente girando en grandes círculos, encontrando desesperadamente poesía y hermosura en las grietas de la acera, en las rayas de las insignias de los barberos, en los fragmentos de conversaciones de muchachitas que oía al pasar junto a ellas, en los ofensivos olores de las latas de basura, con la totalidad de la escena ciudadana que realmente él nunca había advertido antes y por la cual había transitado a ciegas, con los ojos vueltos hacia adentro, en su trabajo, pero que ahora tragaba a grandes sorbos con regocijada ansiedad: ¡pero si tan sólo pudiera escapar! Para escapar de su fantástico deber para con el mundo, se perdía en todas sus bellezas, pero este nuevo mundo que él veía era visto por otros, estoy seguro, que se hallaban en situaciones muy distintas, y como es este extraño mundo que él veía el que estoy tratando de describir, haré un digresión momentánea: imagínense a un chico en Inglaterra, un par de siglos atrás, que hubiera robado un pedazo de pan o un pañuelo o una media corona, y a quien algún juez severo y estúpido hubiera mandado a prisión, para hacerse hombre en la cárcel, sin conocer nunca la suavidad de una mujer, sin conocer nunca una comida dada con amor, sin probar nunca una golosina, sin ver nunca un espectáculo, o cualquiera de nuestros placeres más comunes; al ser liberado, podemos fácilmente imaginar su asombro, deleite y terror, su gran ansia de tocar a cuanta chica encuentra, su necesidad de un amor paciente y de interminables explicaciones (pues él no entendería casi nada de nuestro mundo libre), y que, al no encontrar una persona con tal paciencia, pronto estaría de vuelta en la prisión; pero todo eso está fuera de la cuestión, la cuestión es que el mundo de este científico que escapa de su responsabilidad y el mundo del muchacho que acaba de ser rudamente vomitado de una cárcel, se verían igual; y así, para comprender cómo aparecía esta noche de octubre a través de su mareo y su confusión, imagínense cómo se le aparecería el mundo a una persona después de terminar una condena tan ridículamente larga y sin sentido.

5

Las luces empezaron a titilar a medida que la oscuridad descendía.
Un convertible color crema, dentro del cual cuatro estudiantes secundarios borrachos estaban cantando alegremente y gritándole profusamente a los transeúntes, de pronto se salió de la calzada, arrancó la tapa de una toma de agua, arrojó a dos de los muchachos a través de la vidriera de una joyería, lanzó a otro a veinte pies por el aire, haciéndolo aterrizar sobre su espalda y encima del pavimento, y dejó al otro, el único sobreviviente, gimiendo miserablemente con costillas rotas contra el volante; las llamas brotaron de abajo de esa ruina retorcida que abruptamente se detuvo sobre el hidrante roto; el agua empapó la parte de atrás del automóvil pero no tocó la parte delantera en llamas.
Una multitud excitada empezó a congregarse alrededor de la catástrofe y a devorar, hambrienta, el espectáculo.
El científico, que estaba del otro lado de la calle, testigo de todo el accidente, lo vio como si fuera un accidente en el cine, y continuó su deambular entre sueños y sin meta; y aferraba en su puño la lista de reglas, aunque ni se daba cuenta de ello, tan perdido estaba en los hermosos movimientos, luces y ruidos de la ciudad.
Aunque todavía caminaba, su mente volvió a sumergirse en él mismo, y se preguntó a quién diablos le llevaría esas reglas: no conocía al Presidente, y cualquier funcionario al que le hablara se le reiría, sin duda.
Reflexionó largamente sobre este problema.
Volvió a asomarse al mundo de afuera y descubrió con sorpresa que estaba frente a su antigua casa.
Las luces estaban prendidas. Desde el día en que se fue, no se había comunicado con su mujer. Enderezó por el angosto sendero y entró en la casa sin llamar, por hábito, como lo había hecho siempre.
Su mujer tenía el sombrero puesto.
“¡Vete de aquí!”, le gritó. “¡Tengo una cita! ¡No quiero volver a verte nunca!”
El científico echó una mirada a su antigua casa. Todo estaba igual. Hasta los muebles estaban colocados de la misma manera prolija, nítida.
¡Los muebles! Estos muebles habían sido los causantes de la separación. Ella amaba más a sus muebles que a él.
Él agarró un florero. Ella amaba este florero más que a él. Él lo tiró contra la pared.
¡Smash!
Su mujer gritó.
Enseguida, esta silla antigua que a ella le gustaba tanto.
¡Smash!
Se rompió en tres pedazos.
Él tiró la lámpara por la ventana.
¡Crash!
“¡Basta!”, gritó su mujer. “¿Estás loco?”
Él fue a la cocina y tomó un cuchillo, tirando algunos ceniceros en el suelo y derribando la biblioteca que se le interpuso en el camino, y empezó a destripar las sillas tapizadas.
“¡Basta! ¡Basta!”, gritó su mujer, ahora histérica y sollozante.
Pero el científico apenas si la escuchaba. Estaba desgarrando, rompiendo, arrancando, destrozando, demoliendo, en verdad, en un frenesí de rabia más poderoso que las lágrimas de ella, todos los muebles de la casa.
Después se detuvo.
Y ella dejó de llorar.
Sus ojos se encontraron y cayeron el uno contra el otro, más enamorados que nunca.
La violenta escena de alguna manera los había cambiado a ambos. Los ojos del hombre estaban claros ahora, y su ceño había perdido la gravedad. La voz de ella era suave y cálida.
Después el hombre se acordó de los gatos y de lo que iban a hacer.
“Vámonos de Washington por un tiempo. Vámonos en una segunda luna de miel. Agarremos el auto y vámonos al oeste, a las montañas, alejémonos de todo y de todos.
Encontraremos algún lugar salvaje y viviremos allí. No me hagas preguntas. Haz lo que te digo”.
Ella hizo lo que él le decía, y una hora después estaban saliendo de Washington rumbo al oeste.
“¡Querido!”, le dijo su mujer súbitamente. “¡Vamos a tener que volver!”
“¿Por qué?”
“¿No tienes un gato siamés en tu casa de campo? Se morirá de hambre. No puedes dejarlo encerrado ahí. Y si volvemos, podrás recoger alguna ropa. Parece tonto comprar ropa nueva cuando todo lo que tenemos que hacer es volver a la casa de campo”.
“¡Mira!”, le dijo su marido, apretando el acelerador, aumentando perceptiblemente la velocidad del coche. “¡Ese gato puede cuidarse a sí mismo!”

6

Viajando en etapas, les llevó tres días y medio llegar al linde de las montañas, donde compraron un rifle, mochilas, bolsas de dormir, utensilios de cocina y toda la parafernalia que necesitarían para vivir fuera de la civilización por un tiempo. Empezaron su viaje a pie, sudando y gruñendo bajo el peso de sus mochilas.
Por un par de meses no vieron a otro ser humano.
Pero en una ocasión, mientras caminaban a corta distancia de su campamento, se encontraron con un gato montés.
El gato montés gruñó amenazadoramente.
El hombre había dejado su rifle en el campamento.
El gato montés estaba entre ellos y el campamento.
Así que el hombre de ciencia empujó a su esposa detrás de él y empezó a gruñir y miaurra-miauuuu.
Durante varios minutos hablaron, y luego el gato montés se dio vuelta y escapó.
“Querido, ¿qué estabas haciendo? Parecía como si realmente estuvieras hablando con ese gato montés”.
Y así el hombre le contó toda la historia de cómo había aprendido a hablar el idioma de los gatos, y que ahora probablemente Washington y Moscú estarían en ruinas, y pronto toda la raza humana sería destruida.
Explicó que había sido demasiado. La raza humana no valía la pena. Y así, él había resuelto alejarse de todo y obtener la pequeña felicidad que pudiera de esos pocos días restantes.
“No tengo idea de cómo o cuándo los gatos nos destruirán, pero lo harán, porque tienen poderes que nunca podríamos imaginar”, y su voz se apagó con tristeza. Ella lo tomó de la mano y volvieron lentamente a su campamento.
Ahora ella entendía los ojos brillantes de él y esta nueva energía que tenía, su nueva juventud —su locura se le estaba volviendo aparente ante ella—; y, encontró raro que, aun así, lo amara más ahora que antes.

7

Un par de semanas más tarde, estaban sentados junto al fuego de su campamento. La nieve los rodeaba, y mientras el científico miraba las estrellas en silencio, la mujer tuvo frío y empezó a temblar. Por fin se puso de pie y empezó a caminar de arriba abajo.
“¿Qué día es hoy?”
“No sé”, contestó el hombre, ausente.
“Debemos de estar cerca de Navidad”, dijo ella.
El hombre la miró, penetrante, y después se puso pensativo. Pocos minutos más tarde saltó sobre sus pies y gritó: “¿Qué fue eso? Oí ruidos”.
Su mujer escuchó por un instante y respondió:
“Yo no oí nada”.
“¡Oye! ¡Ahí está otra vez! Son como cascos de caballos”.
“Pero, querido, yo no oigo nada”.
“Bueno, ¡saldré a ver qué es!”, dijo su marido con decisión.
Y salió a la oscuridad.
Su mujer lo oyó hablar en voz alta, como con alguien, pero no escuchó otras voces. Lo llamó: “¡Querido! ¿Quién está ahí? ¿Con quién estás hablando?”
Él le contestó a los gritos: “Nada, está bien. Es Papá Noel, nada más. Los que oímos eran sus renos”.
Su mujer se dijo a sí misma, tristemente: “Para qué le voy a decir que no hay Papá Noel”.

8

Él volvió con una planta verde, un cactus que obviamente había arrancado de la nieve, y con una gran reverencia de viejo estilo se la entregó, diciéndole: “Papá Noel me dio esto para que yo te lo diera a ti como regalo de Navidad. Se molestó en venir expresamente hasta acá, a fin de que no te quedaras sin tu regalo”.
Ella tomó la planta en sus manos y se acercó más al fuego. Estas ráfagas de locura la aterraban, ¿o era que él bromeaba, simplemente? ¿O es que era galante? Lo miró; él miraba fijamente más allá de las montañas, hacia aquellas estrellas lejanas. Cuán noble y loco parecía. Pero entonces el terror la tocó nuevamente, y ella dijo, con bastante timidez: “Sabes, querido, cuando estábamos en casa, cuando te enfurecías tanto, fuiste muy bueno al no pegarme”.
Él la miró un instante, un poco incómodo, pero guardó silencio y volvió a mirar el horizonte.
“Pero, claro —agregó ella—, no tenía por qué preocuparme. Eres tan caballero”.
Poco después de esto, volvieron a la civilización. Moscú y Washington no estaban en ruinas.
Y, para gran asombro de su mujer, resultó que su marido no estaba loco: el loco era aquel gato siamés. Descubrieron su cadáver en la casa de campo: había muerto de hambre.
Porque hay un idioma de los gatos, pero todos los gatos siameses son locos: siempre están hablando de telepatía mental, poderes cósmicos, tesoros fabulosos, naves espaciales y grandes civilizaciones del pasado, pero no son más que maullidos; son impotentes: ¡sólo maullidos!
¡Maullidos!
¡Maullidos!
¡Maullidos!
¡Maullidos!
Maullidos...



Rescatan a Gato de un tunel del Metro


España, el 9 de julio fue rescatado un gato que se encontraba perdido en los túneles del metro en la linea uno estación Can Cerra. todo el procedimiento de rescate comenzó a las 00:30 ya cuando el metro estaba cerrado, los encargados de rescatarlo fueron funcionarios de de la fundación altarriba y del TMB.

Tras el rescate el gato fue bautizado como Forat, estuvo días en el túnel, sin comida ni bebida, asustado y maullando hasta que una voluntaria de la asociación animalista altarriba lo descubrió viajando en el metro.

Después de los respectivos chequeos medicos ahora Forat se encuentra en perfectas condiciones y esperando que alguien lo adopte.

Fuente: lavanguardia.es

Colocolo en peligro de extinción



Sorprendente hallazgo de Gato Colocolo
Chile, Valparaíso, 15 de julio de 2009.- Un importante hallazgo para la fauna regional se produjo en Quilpué tras la aparición de un ejemplar de un Gato Colocolo (Leopardus colocolo), felino del que no se tenían registros durante la última década en la Región de Valparaíso.

El gato fue capturado por un vecino del sector de Teniente Serrano, ubicado en la parte alta de la comuna, en momentos en que había ingresado a un gallinero de su casa particular.

El ejemplar (juvenil de aproximadamente un año de edad) fue entregado al Parque Zoológico de Quilpué, para que fuese alimentado y examinado. Tras comprobar que el animal se encontraba en adecuadas condiciones físicas, el Servicio Agrícola y Ganadero, fue la institución encargada de autorizar la liberación del felino, que se realizó el martes en Colliguay, sector alejado de la zona en que fue hallado.

Es importante destacar que el Gato Colocolo es un animal que se encuentra en peligro de extinción; que nuestro país lo tiene incluido como especie protegida en el apéndice II en la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES); y que su caza está prohibida.

Para el Director del Zoológico de Quilpué, Mario Rivas, se trata de un hallazgo que entrega esperanzas respecto de las poblaciones de este felino. Es una gran noticia porque la cantidad de gatos colocolo existentes en Chile es muy mínima y está en grave peligro de extinción. Mucha gente lo mata porque desconoce el valor natural de esta especie. Esto nos permite visualizar que todavía existen ejemplares en la zona.

La Encargada Regional de Recursos Naturales Renovables del SAG, Aurora Espinoza, comentó que estaban dadas todas las condiciones para la reinserción inmediata del felino en su hábitat natural. Lo primero es que se trata de una especie muy importante de conservar y proteger. Se verificó que el animal estaba en perfectas condiciones físicas, por lo tanto lo mejor era su liberación.

Descripción

En Chile, el Gato Colocolo vive en zonas de matorrales, estepas y bosques. En su rango de distribución norte prefiere lugares abiertos en la puna y estepa alto andina. En el sur habita áreas de bosque y zonas montañosas de la precordillera oriental de Magallanes y praderas en la estepa patagónica.

Ha sido fuertemente explotado por su piel y algunas comunidades lo han cazado por considerarlo predador. Tiene un largo de entre 52 a 70 centímetros; su cola es corta, de 29 a 32 centímetros; y pesa entre 2 a 3,7 kilos. Independientemente de los patrones o tonos de coloración, siempre presentan anillos de color café en las patas y cola.

Mediante el uso de técnicas de análisis craneal se estima que existen, al menos, tres especies distintas de Gato Colocolo repartidas cada una en Brasil, centro de Sudamérica y Chile.

Fuente: SAG

domingo, 5 de julio de 2009

Fatboy Slim, The Joker




Aquí les dejo uno de mis vídeos musicales favoritos, el making of y la letra de la canción.



Making of:
Fatboy Slim 'making of The Joker'


Letra:

Some people call me the space cowboy
Some people call me the
gangster of love, yeah
Some people walking round calling me Maurice
Cause I speak of the pompitous of love

People talk about me, baby (People
talk about me, bad to)
They say I'm doin' you wrong,
(doin' you wrong, doin' you
wrong)
Well, don't let that worry you
baby (oh baby ....)
Cause I'm right here, right
here, right here, right
here at home
(Everybody Singing Along)

Cause I'm a picker
I'm a grinner
I'm a lover
And I'm a sinner
I play the music in the sun

I'm a joker
I'm a smoker
I'm a midnight talker
I give my lovin' on the run

You're the cutest thing
That I ever did see
I really love your peaches
I want to shake your tree
Lovey-dovey, dovey-lovey, dovey all the time
Ooo-eee baby, I'm gonna show
[Más Letras en es.mp3lyrics.org/TCc]
you a good time babe

Cause I'm a picker
I'm a grinner
I'm a lover
And I'm a sinner
I play the music in the sun

I'm a joker
I'm a smoker
I'm a midnight toker
I sure don't want to hurt no one

Come on and follow me
You know I really want you for your company
Even though I'm attached to you physically
My computer mechanism wants you mentally
(Shoo be doo be doo shoo be)
You know I really want you for your company
(Shoo be doo be doo doo be)
My computer mechanism wants you mentally

People keep talking about me
like a low down dog (like a
low life dog)
They say i'm doin ya wrong, doin
ya wrong (doin ya wrong)
Well don't you know, don't you
worry bout a thing pretty mama
Cause i'm right here, right here,
right here singing along

Cause I'm a picker
I'm a grinner
I'm a lover
And I'm a sinner
I play the music in the sun

I'm a joker
I'm a smoker
an I'm a fa shizzile dizzile ma
nizzle fizzle bizzle
I give my lovin' on the run

Teatro de gatos de Moscow

Increíble pero cierto, en el teatro de gatos de moscow los gatos son los protagonistas, haciendo acrobacias que hasta el mas experto acróbata envidiaría.

Su entrenador y dueño del teatro Yuri Kuklachov inauguro el teatro en 1990 y esta compuesto de gatos callejeros que el rescata de la calle y sobre su entrenamiento dice lo siguiente:

«Cuando fijo mi vista en los ojos del gato empiezo a hablar con él: dialogamos no por medio de la lengua sino a través de la creación de ideas.Yo le envío mi idea. Y él me contesta con su idea»

«No se trata de hipnosis. Es el lenguaje de los sentimientos, comprensible para todos los seres»

«A un gato no se le puede obligar a hacer nada. Hay que detectar sus cualidades y después estimularlas jugando, sin violencia.Con un simple objeto atado a un hilo empiezo a jugar con él y lo empiezo a educar»

«Acaricio a mis gatos de tal manera que ellos siempre corren hacia mí buscando mis caricias»

El articulo completo lo pueden encontrar en el siguiente link:
http://www.elmundo.es/2004/03/10/ultima/1604541.html



Watch CBS Videos Online





aquí un link a otro video sobre el mismo tema, no lo puedo poner directamente en el blog por que la inserción esta desactivada pero aqui les dejo el link para que no se lo pierdan.
http://www.youtube.com/watch?v=HlKYtLlvRlU

Gato encerrado - Juego en flash



El juego consiste en atrapar a este escurridizo gato negro, marcando los casilleros vacíos hasta dejarlo sin salida.

Para jugar entra en el siguiente link:
http://www.gamedesign.jp/flash/chatnoir/chatnoir.html

Advertencia este juego puede causar adicción

sábado, 4 de julio de 2009

Rapcat

El gato rapero numero uno del momento nos trae el siguiente tema, tiembla dady yankee tiembla snoop dogg que aquí viene Rapcat.

Artista: Rapcat (feat. MC King Kitty)
Tema: "Meow Meow"
8 Lives Left
Productora: New Math
Director: Honest
www.rap-cat.com
Checkers / Rally's Records

Freddie Mercury Y Los Gatos


Como muchos ya saben, Freddie Mercury era un gran fanático de los felinos, Tanto que a su gata favorita Delilah le dedico una canción del mismo nombre, esta gatita lo acompaño en su cama hasta sus ultimas horas cuando este murió en noviembre de 1991.

Delilah:


Letra de la canción:

Delilah, Delilah
Oh my, oh my, oh my, you're irresistible
You make me smile when I'm just about to cry
You bring me hope, you make me laugh - and I like it
You get away with murder, so innocent
But when you throw a moody you're all claws and you bite!
That's all right!

Delilah, Delilah
Oh my, oh my, oh my, you're unpredictable
You make me so very happy
When you cuddle up and go to sleep beside me
And then you make me slightly mad
When you pee all over my Chippendale suite!

Delilah, Delilah
Oh oh oh oh oh oh oh

You take over my house and home
You even try to answer my telephone
Delilah, you're the apple of my eye

Meeow, meeow, meeow!
Delilah, I love you, Delilah
Oh, you make me so very happy
You give me kisses and I go out of my mind, ooh
Meeow, meeow, meeow
You're irresistible - I love you, Delilah
Delilah, I love you

Hah hah
You make me very happy
Oh, yeah - I love your kisses...
I love your kisses...
I love your kisses...
I love your kisses...
I love your, your, your kisses...
I love your kisses...
(esta es una foto de la famosa Delilah)
Traducción:

Dalila, Dalila,
huy, huy, huy,
Tu eres irresistible
Me haces sonreír cuando estoy a punto de llorar
Me das esperanza, me haces reír, y me gusta
Cometes crímenes impunemente, tan inocente
Pero cuando cambias de humor eres toda garras y muerdes
¡ Esta todo bien !

Dalila,
Dalila, uy, uy, uy,
eres impredecible
Me haces tan feliz
Cuando te acurrucas y te duermes a mi lado
Y entonces me haces enfadar un poquito
Cuando te meas en mis Suite Chippendale
Dalila,
Dalila
Hey, hey, hey

Te has adueñado de mi casa y de mi hogar
Incluso intentas contestar mi teléfono
Dalila, eres la niña de mis ojos
Miau, miau, miau
Dalila,
te quiero
Dalila

Oh, me haces tan feliz
me das besitos
Y me vuelvo loco, ooh
Eres irresistible - te quiero Dalila
Dalila - te quiero
hah, hah
Me haces tan feliz
Oooh, me encantan tus besitos
Oooh, me encantan tus besitos
Oooh, me encantan tus besitos
Oooh, me encantan tus besitos
Oooh, me encantan tus besitos
Oooh, me encantan tus besitos

Otras fotos de los gatos de Freddie:


















miércoles, 1 de julio de 2009

El Gato Roger

Este corto animado muestra un entusiasta y simpático gato jugando con una varita.



Esta animación fue realizada por Goro Fujita de "the German film school"